Gracias a un gran amigo cayó en mis manos un artículo publicado por el País titulado «¿Quién necesita al comisario?» Es breve y pasa desapercibido pero me ha dado qué pensar. Se plantea si la figura del comisario es necesaria para llevar a cabo una exposición. Se basa en la idea puesta en práctica de Antoine de Galbert que realizó una exposición de su colección privada en La Maison Rouge bajo el título de «Le Mur» donde las obras se mostraban de manera anárquica, lejos del convencionalismo al que estamos acostumbrados al acudir a galerías y museos.

La cuestión es, ¿es realmente necesario guiar al espectador en las salas? Aporta un valor añadido un discurso expositivo basado en la cronología y la estética. O es suficiente con la simple presencia de la obra por sí misma aunque esté rodeada de otras obras de arte.

Las obras de la colección de Galbert se mostraron todas juntas sin tener ningún criterio de colocación. Las paredes se cubrieron por completo de obras de distintos artistas, estilos y formatos, creando un conglomerado caótico que hace que el espectador se pierda entre tanta información. Desde un punto de vista expositivo convencional es un horror, sin embargo me resulta fresco, liberador e innovador, una forma de entender el Arte como la vida misma, cada pieza es única entre todas.

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De todas formas, no debemos olvidar que el principal objetivo de un museo es la educación para lo cual es necesario mantener unos aspectos mínimos para la comprensión de lo que estamos viendo, sobre todo para que sea cercano al espectador que los visita.  Con este fundamento es imprescindible que exista un discurso expositivo y un comisario que nos guíe.

¿Qué os parece? A favor de liberar las galerías y museos del encorsetamiento establecido o mantener un orden lineal.

SP

 

 

 

 

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